Este viaje es realmente el inicio de una nueva etapa en mi vida que coincide además de con la jubilación, con el 40 aniversario de mi matrimonio. Es por tanto un motivo doble de celebración y de alegría sin duda.
Ya había estado en Florencia en una visita relámpago realizada con un crucero por el Mediterráneo y tenía pendiente volver para poder disfrutar con tranquilidad de la ciudad.

Y no me ha defraudado en absoluto. Es un placer además poder visitar todos los sitios sin colas y sin aglomeraciones típicas de otras épocas. Pasear por el Ponte Vecchio con tranquilidad a cualquier hora del día y poder entrar directamente en los Uffizi es un lujo.
Recordaba en parte la plaza de la Signoria y el palacio Vecchio, también la Santa Crocce, pero sin duda resulta impresionante el Duomo, sobre todo por fuera.
Quizá tenía demasiadas expectativas puestas en Uffizi y aunque es impresionante su colección no es comparable al Prado o el Louvre. La visita al Palacio Medicci o al Palacio Pitti son espectaculares, así como a la Galería de la Academia y el original del famoso David.
Me encantan además las trattorias y osterias de la ciudad y su deliciosa pasta y fue un acierto total alojarnos en un hotel como el Portta Rossa, antiguo palacio en el corazón de la ciudad y que el director nos pudiera enseñar la espectacular torre convertida en suite.
El viaje terminó con una visita de un día a Siena en los ferrocarriles italianos que recorren diferentes ciudades de la Toscana y que fue también toda una experiencia.
Siena me impresionó sobre todo su Duomo, que no conocía, tanto por fuera como por dentro y su zona antigua con su espectacular plaza y torre medieval que más bien parece un plató de cine. Sin duda muy recomendable su visita.

