Sin nada que hacer

Ahora que se pone de moda contar que hacías en los veranos de tu juventud, eso es lo que yo principalmente recuerdo: no teníamos nada que hacer pero el caso es que no parábamos de hacer cosas.

En mi caso esos los recuerdos del verano abarcan el final del franquismo y las vacaciones escolares en el instituto iban desde junio a septiembre. ambos inclusive. Cuatro meses enteros sin obligaciones de ningún tipo.

El plan era muy sencillo. A las 9 en punto ya estábamos en la calle y si era posible con el balón debajo del brazo hasta las dos de la tarde en la que sabíamos que había que estar en casa a disfrutar del cocido diario, algo que en mi barrio era todo un lujo en muchos casos.

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