Había estado muchas veces en la provincia de Alicante, incluso conozco bien algunas de sus localidades, pero nunca me había detenido en la capital alicantina.
Quizá por el hecho de que siempre era verano y el exceso de gente o el calor no lo hacían muy apetecible. Por eso me decidí a visitarla en pleno invierno pensando que era buena época y no había mucha gente. Época si era buena pero mi sorpresa fue que, gracias al buen tiempo que hizo en enero, no estaba la ciudad vacía precisamente. Y menos en fin de semana.

En cualquier caso merece la pena detenerse en la capital y poder visitarla con tranquilidad en época no veraniega y poder disfrutar de sus principales monumentos; la ermita de Santa María, la Concatedral, el magnifico palacio del Ayuntamiento y por su puesto el Castillo de Santa Bárbara con sus vistas impresionantes a la ciudad y a la bahía.
Por supuesto pasear por la playa del Postiguet, la Rambla y el casco antiguo con sus placitas para degustar buen pescado es imprescindible.
Si además tienes la oportunidad de disfrutar de una obra de teatro en el Teatro Real el sábado por la noche, pues el finde es para nota. Os lo recomiendo

