Ardor Guerrero

Desde luego como se suele decir: “si hay que ir se va y punto”.

El caso es que me pasé un año haciendo auto-stop y escribiendo a máquina en una oficina siniestra, sin olvidar los paseos diarios a las 11 a la cocina de oficiales para el almuerzo.

No tengo claro si me hice un hombre o no, pero lo que está claro es que 15 kilos más cambian el aspecto a cualquiera.

Bienvenido mr. Marshall

Cada vez que veo en casa de mi madre aquella foto en el patio con la enciclopedia de Álvarez y el mapamundi, me acuerdo de los tremendos retortijones que me hicieron poner esa cara de circunstancias. Y es que nunca pude con aquellos polvos blancos que nos echaba la Sra. Marcela en el vaso de latón al salir en fila al recreo