Desde luego como se suele decir: “si hay que ir se va y punto”.
El caso es que me pasé un año haciendo auto-stop y escribiendo a máquina en una oficina siniestra, sin olvidar los paseos diarios a las 11 a la cocina de oficiales para el almuerzo.
No tengo claro si me hice un hombre o no, pero lo que está claro es que 15 kilos más cambian el aspecto a cualquiera.

