Ardor Guerrero

Desde luego como se suele decir: “si hay que ir se va y punto”.

El caso es que me pasé un año haciendo auto-stop y escribiendo a máquina en una oficina siniestra, sin olvidar los paseos diarios a las 11 a la cocina de oficiales para el almuerzo.

No tengo claro si me hice un hombre o no, pero lo que está claro es que 15 kilos más cambian el aspecto a cualquiera.

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