A Franco le encantaba la beneficencia, pero yo siempre la he odiado con todas mis fuerzas.
A mi amigo Javi le dieron un premio por vivir 15 personas en un piso de 60 metros y a mi padre le premiaron, como enlace sindical, con una semana de veraneo por hacer como que negociaban algo. Y gracias si tenías la suerte de que no te faltaba el cocido diario.
Menos mal que la calle era nuestro escenario favorito y la inocencia es lo que tiene. Por eso no entendíamos por qué el padre de José estaba en Alemania el solo y el de Santi en Carabanchel.

