Vivir en la calle

A Franco le encantaba la beneficencia, pero yo siempre la he odiado con todas mis fuerzas.

A mi amigo Javi le dieron un premio por vivir 15 personas en un piso de 60 metros y a mi padre le premiaron, como enlace sindical, con una semana de veraneo por hacer como que negociaban algo. Y gracias si tenías la suerte de que no te faltaba el cocido diario.

Menos mal que la calle era nuestro escenario favorito y la inocencia es lo que tiene. Por eso no entendíamos por qué el padre de José estaba en Alemania el solo y el de Santi en Carabanchel.

Ardor Guerrero

Desde luego como se suele decir: “si hay que ir se va y punto”.

El caso es que me pasé un año haciendo auto-stop y escribiendo a máquina en una oficina siniestra, sin olvidar los paseos diarios a las 11 a la cocina de oficiales para el almuerzo.

No tengo claro si me hice un hombre o no, pero lo que está claro es que 15 kilos más cambian el aspecto a cualquiera.